jueves, 30 de julio de 2009

Los siete mitos de la conquista española

Los siete mitos de la conquista española Matthew Restall Ediciones Paidós Ibérica, S.A. ISBN 84-493-1638-3 Edicion original en inglés Oxford University Press Inc N.Y., U.S.A. En la introducción el autor nos aclara que el número siete responde a una simbología numeraria. Lo primero que me sugirió el título fue ¿por qué siete? No es mala idea seguir este guión obligado para tratar de analizar la realidad –“la verdad” es un vocablo que me parece muy pretencioso- de la conquista del nuevo mundo. Surge entonces la mitología como excusa para escribir una breve historia sobre el descubrimiento y conquista de América, indagando más allá de los tópicos busca el autor cierta empatía con los habitantes del mundo en el siglo XV, e indaga en la psicología de los autores de las fuentes escritas de la época. Sus motivaciones, su cultura, el sustrato religioso personal y la sociedad del mundo de los conquistadores y, en menor medida, de los pueblos indígenas, tal vez por faltar fuentes escritas sobre las que apoyarse. En cuanto al mito del ejército del rey, resulta un poco chocante en la medida de que al menos en España no creo que haya conciencia de este mito. He podido comprobar que cualquier persona consultada sobre este aspecto, sabe que los conquistadores eran personas que iban a América en busca de fortuna, no como soldados del rey (profesionales) y menos aún como soldados según la actual acepción del término. Aprovecha el autor para dar un perfil somero de los que atravesaban el atlántico y los que ya estaban en América. Seguramente sí es correcto romper el mito de los lectores anglosajones. Hay cierta imprecisión en el uso de términos como súbditos o vasallos, atribuyendo a personas como Montejo, Diego Velázquez o Cortés su titularidad. ¿Se puede hablar de ruptura de los vínculos de vasallaje de Almagro con respecto a Pizarro? Ciertamente no es el término más apropiado a mi manera de ver. Las redes de vasallaje. Este término se repite hasta el punto de afirmar que definieron el proceso de la conquista, siendo más bien la rebeldía respecto a la jerarquía y la búsqueda de independencia la tónica general de los conquistadores. La búsqueda del poder, en suma, frente a la ruptura del vasallaje según el autor. Recordemos a este respecto el caso de La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Se podría decir que, según el autor, los disturbios actuales de Chiapas o las revueltas del llamado indigenismo reflejarían la incompletitud de la conquista española aún hoy en día. Así lo hace refiriéndose al siglo XIX. Yo diría que la destrucción de este mito, con este argumento de Restall, no es convincente. Que el hecho de que las comunidades conservaran sus costumbres e incluso su idioma, y se denominasen a ellos mismos como atepetl o ayllu, confirma que la conquista no era total, es no comprender la naturaleza del imperio español. Es raro que se considerase desde una España en que se acogía pueblos como el catalán, Nápoles, Vascongadas, Flandes etc…que la conquista no era completa por la pervivencia de legua y cultura, incluso cierta autonomía de los pueblos bajo la órbita del Rey de España. Pretende el autor destruir el mito del conquistador español blanco, desarrollando la información sobre los conquistadores negros. Que existieron, eso sí, pero que a mi juicio me parece más una excepción que un ejemplo de la heterogeneidad de los conquistadores. Más excepcional es el caso de las conquistadoras femeninas como para destruir un mito. No obstante es refrescante esta visión, tanto del conquistador negro como de la participación femenina, que rompe con la que generalmente se tiene del conquistador blanco y barbado. El desarrollo de los documentos llamados probanzas es muy interesante, dada la gran influencia que van a tener en el desarrollo de la literatura posterior a la conquista, sobre la que se apoyaron los sucesivos historiadores y literatos. Pretende el autor que la acción de conquista inacabada, daría como consecuencia una serie de guerras y luchas que se prolongarían hasta el siglo XX. Incluso un sentimiento de falta de identidad en los descendientes mexicanos. Esta parece una teoría poco compacta aunque interesante por el enfoque. Aunque en la conquista anglosajona de America del Norte, bastante acabada, las señas de identidad de los antiguos pobladores (los pocos que quedan) tampoco son muy sólidas debatiéndose entre un mundo moderno materialista y otro espiritual arcaico. Arremete Restall contra el mito de la superioridad europea. Suponiendo superstición y credulidad a los conquistados. Acierta aquí al poner el dedo en la llaga de la superstición dado que los conquistadores lo hacían en nombre de la cruz, era un mandato divino y el analfabetismo de la mayoría de los conquistadores no daba mayor superioridad sobre los indígenas. Aún así se remarca cómo la palabra escrita supuso, a juicio de los estudiosos, la superioridad europea. Restall se niega a admitir que los conquistadores eran superiores a los conquistados como una premisa previa. Esto destruiría el camino para explicar el porqué de la conquista. La enfermedad, con su gran mortandad, la desunión indígena y las espadas de acero explican gran parte de la conquista, pero factores culturales y de la adscripción a la tierra de los indígenas son también investigados en el libro.

  • El sistema español de vasallaje contrato y recompensa.
  • Ideología de justificación imperial, un designio divino y a los españoles como agentes de la providencia.
Sin embargo la conquista no se completó hasta varios siglos después de las invasiones españolas iniciales. La monarquía española ejercía cierto control sobre las consecuencias de los descubrimientos a través de la concesión de autorizaciones o contratos de exploración o conquista (título de adelantado, gobernador). No bastaba con descubrir y reivindicar la propiedad de un territorio. Las supuestas colonias requerían una viabilidad económica inmediata, preferentemente en forma de minas de oro, plata y sociedades indígenas sedentarias. En este aspecto lo difícil no era ser conquistador, sino convencer a la corona de que uno era conquistador victorioso. Existía una fórmula que pretendía demostrar la adecuación de la zona para la colonización y el supuesto grado de control que tenían los españoles en la región. Los pueblos indígenas eran súbditos españoles, según Isabel I en 1501, cuando la gran mayoría de los pueblos americanos era desconocida, esto explica la presuposición de legítima adquisición, en virtud de la cual se consideraba casi completa la conquista antes de que hubiera comenzado. Además convertía a los súbditos en rebeldes si se oponían. El autor remarca ahora que al reiterar la completitud de la conquista pese a los signos evidentes que indicaban lo contrario, los colonos españoles legaron una crisis de identidad a sus descendientes mexicanos. Por lo tanto, aunque 1521 representó el final de la guerra de dos años contra el imperio mexica, fue a la vez el comienzo de las guerras de conquista en la mayor parte de México y meso América, guerras que persistieron hasta el siglo XX Siete dimensiones del mito: 1ª La supuesta rapidez en la conquista de las principales áreas de asentamiento indígena y posteriormente colonial. Existió un estado inca hasta la ejecución de Tupac Amaru en 1572. 2ª La prolongada conquista militar en las llamadas regiones marginales o periféricas de la América española. La conquista entendida como una serie de expediciones armadas y acciones militares contra los indígenas, nunca concluyó. 3ª La pax colonial. A pesar de la histeria periódica por las revueltas, reales o imaginarias, de los indígenas y los esclavos africanos, los españoles creían que su imperio era el cauce divino para civilizar a los pueblos indígenas y africanos en América. El régimen colonial se interpretaba como un sistema pacífico y benévolo. La proclividad de los caciques indígenas al compromiso, a encontrar una vía intermedia entre la confrontación directa y la rendición total, producía una falsa impresión de paz colonial. 4ª La omnipresencia de la resistencia cotidiana; existencia de regiones no conquistadas. 5ª Los españoles no aspiraban a gobernar directamente a los indígenas ni a controlar sus tierras, sino conservar las comunidades indígenas como fuente autónoma de mano de obra y producción agrícola. Con antecedentes en las costumbres islámicas ibéricas, los nuevos colonos no eran agricultores, sino artesanos y profesionales que dependían del trabajo y alimentos aportados por los indígenas. 6ª La sexta dimensión es la conquista espiritual, la cristianización. Los indígenas adoptaron el cristianismo combinándolo con sus creencias. 7ª La dimensión final de la in-completitud guarda relación con la persistencia de las culturas indígenas. No hubo ninguna campaña que obligase a los indígenas a aprender español, de hecho los sacerdotes predicaban en las lenguas indígenas, y la Iglesia generó amplia bibliografía religiosa en las lenguas locales. Los líderes de la comunidad de meso América aprendieron a escribir sus propias lenguas alfabéticamente. Al margen de los aspectos culturales que tenían implicaciones religiosas, los españoles no se preocuparon por llevar a cabo una hispanización total de los pueblos indígenas, al menos no hasta que en el siglo XIX tales asuntos se convirtieron en preocupaciones importantes de gobierno y materia de debates entre las clases dominantes. Este fenómeno pone de relieve que la conquista cultural fue tan incompleta que, tres siglos después de la invasión española, los descendientes de los conquistadores, desde México hasta Argentina, debatían cómo podían convertir a los indios en verdaderos ciudadanos de las repúblicas, es decir, cómo podían hacerlos menos indios y más europeos. Imprimir

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jueves, 9 de julio de 2009

Comer libros

Quería poner aquí esta reseña al periódico El País del 14 de junio. Para que veáis que es verdad que hay veces que lo editores nos tenemos que comer los libros. En este caso vemos a Mabel empleada a fondo con el suyo. Imprimir

lunes, 6 de julio de 2009

La especie elegida. Recensión

Juan Luis Arsuaga Ferreras Ignacio Martínez Mendizábal, LA ESPECIE ELEGIDA, Madrid: Ediciones Temas de Hoy, 1998. Vigésima sexta impresión: septiembre de 2005, 342 pp. Ignacio Martínez es doctor en Biopaleontología y Profesor titular de la Universidad de Alcalá de Henares desde 2002. Recibió junto con su equipo el premio Príncipe de Asturias por sus hallazgos sobre el origen del hombre. Juan Luis Arsuaga Ferreras es Licenciado y doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular en el Departamento de Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid. Miembro del Equipo de Investigaciones en los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca desde 1982, y desde 1991 Co-director del equipo galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica de 1997. También es Editor Asociado de la revista Journal Of. Human Evolution. Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez publicaron en 1998 el libro La especie Elegida y este título se constituye en el interrogante a contestar ¿tiene la evolución humana un propósito? ¿Somos la especie elegida? Desde el libro de George Gaylord Simpson de 1949 El significado de la evolución los paleontólogos no han escrito sobre ello, quizás porque los trabajos científicos se han ocupado de presentar datos y no de hacer filosofía. Hasta ahora en los últimos años se han escrito gran cantidad de trabajos científicos en los que no se ha introducido una vertiente filosófica. A los escritores de este libro les preocupa el sentido de la evolución, si es que hay alguno. Así, a través de la historia del conocimiento sobre la evolución van a exponer todos los avances y diversas teorías sobre nuestro origen. De esta forma se analizan las teorías de Darwin, Lamarck y Mendel. Es una obra de divulgación científica, por lo que tratan de acercar a los que no son expertos, pero sin olvidar nunca el respaldo de todas las acciones científicas. Por qué se llega a los resultados y el apoyo en pruebas. El libro se divide en dos partes: Hijos de África la primera y Un Nuevo Hogar la segunda. En la primera parte se explican en forma resumida la historia de la teoría de la evolución con referencia a las personas de más relevancia en la materia. Se pasa a explicar los conceptos básicos, palabras como, hominoideo, homínido, Paranthropus, primate… El capítulo cuarto se dedica al origen de la humanidad en África, concretamente en el este del continente (ver mapa de los principales hallazgos) También se explica magistralmente la relación del volumen del encéfalo con el propio volumen corporal y su relación con la inteligencia. La dieta y como determina morfología corporal, tanto en el aparato masticador (y la determinación de la estructura craneal) como en el digestivo. Es tratado el parto (uno de los temas favoritos de Arsuaga) en base a los restos de caderas y pelvis hallados, y la tan traída y llevada locomoción (bipedismo) El clima y su relación con la evolución también tienen su apartado en esta primera parte del libro analizado desde los orígenes de los cambios climáticos La segunda parte del libro va a tratar de la expansión por eurasia, Un nuevo hogar, se describen los descubrimientos de restos fuera de África. El Homo erectus y el Homo ergaster y los descubrimiento de la Gran Dolina (Atapuerca) el Homo antecessor (donde los autores participan en la creación de esta nueva especie) de aquí saldrían las dos especies Homo sapiens sería el resultado del Homo antecessor en África y el neandertal en Europa. Hay un capítulo dedicado a los neandertales donde son descritos y analizada la cuestión pendiente: el origen y final de los neandertales. Los autores llegan a la conclusión de que los humanos modernos llegaron de África y sustituyeron a los neandertales que se extinguieron al paso de los primeros de este a oeste de Europa. Queda aún pendiente el posible intercambio de genes entre unos y otros. En el libro podemos hacer tres lecturas: una primera lectura nos adentra en el compendio de datos, los estudios a lo largo de los años, las teorías y los métodos científicos a los que acuden los paleontólogos, arqueólogos y prehistoriadotes. Este apartado pretende llenar las lagunas que se suelen encontrar en otras obras de divulgación que suponen que los resultados deben de creerse por fe en los científicos y que inevitablemente chocan con el escepticismo de numerosos lectores que se preguntan como es posible saber tantas cosas con sólo un pequeño hueso. Pues bien aquí el lector tiene un acercamiento a las técnicas que le ayudan a creer más al científico-divulgador. En otra lectura podemos indagar en la forma de ser de la humanidad, el comportamiento humano y su genética. Un último nivel de lectura sería la reflexión sobre el sentido de la evolución. Llegamos al hombre actual no como la consecuencia de una invención divina (creacionismo). Darwin tenía razón y sucesivos científicos va a ampliar e introducir matices pero también a corroborar su teoría sobre la evolución y efectivamente, los autores creen que no hay un sentido último en la evolución humana.

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